Después de cada tarde con él, ella acostumbraba a preguntarse cuánto la echaría de menos, si se acordaría de cada beso y caricia, si tendría cosidos a los labios la palabra te quiero. Ella tenía la convicción de que todo era perfecto, que él la amaba como a nada en el mundo. Pero ella no supo conocer la realidad, vivía en una mentira. Mientras ella tenía la costumbre de pensar cada momento en sus palabras, él, persona orgullosa y egoísta, sentía la necesidad de completar sus horas con aquella a la que dedicaba sus sonrisas y verdades. Con aquella a la que realmente deseaba, por la que tanto tiempo había gastado cada suspiro.
Él, se acabó olvidando de la que siempre había estado ahí, preocupandose de sostenerle en cada caída que él experimentaba. Él, que no quiso hacer daño, acabó apuñalando con todas sus fuerzas el corazón de ella. Su arma, las mentiras.
Me encantaa :) te quiero
ResponderEliminarMe encanta que te encante;)
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