Cuando queremos echar la vista hacia atrás,nos damos cuenta de lo rápido que pasa el tiempo. De lo deprisa que nos hemos echo mayores, de cómo diez años han sido demasiado veloces para lo que desearíamos.
Y así,diez años después,tengo la fuerza suficiente,para permitirme el lujo de despedir la magia que me había convertido en la niña alegre e inocente que fui. Toca una despedida, que me deja con aquel nudo en la garganta tan insoportable,y que es difícil de deshacer.
Aquel 1997, nacía el nombre que perduraría en nuestros corazones en un futuro. Nacía la satisfacción y las emociones, nacía Harry Potter, y con él su varita, sus amigos, los cuadros parlanchines y tantos momentos inolvidables. Me siento totalmente hechizada y privilegiada, de poder compartir fecha de nacimiento, nuestro comienzo.
Porque siempre esperé que Hagrid viniera a por mi en una noche de tormenta, deseé una lechuza, me esforcé por imaginarme el sabor de la cerveza de mantequilla, repetí los hechizos una y otra vez con la esperanza de convocar un Patronus, reí, lloré...
En pocas palabras, me siento vacía, triste y contenta... He vivido una aventura tras otra,y nunca reparé en que llegaría el día de decir adiós, pensé que quedaba toda una vida por delante, cuando me he encontrado el final a la vuelta de la esquina. Pero esto no es un adiós, es solo un hasta pronto. Porque Harry Potter perdurará en nuestros corazones, y sé que algún día, tendré el privilegio de recordar mi infancia, y podré repetirle al mundo que la magia, EXISTE.

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